Grimanesa Vargas Anticuchos | Grimanesa Vargas
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Ayacuchana de nacimiento. Parte de mi infancia estuve en Ica. Luego, a los 18 años, llegué a Lima con una familia que me crió desde los 7 años. Trabaje ayudando en la crianza de los hijos de la familia. Siempre me trataron bien. Cuando crecí un poco más tuve la necesidad de salir para lograr algo que fuera mío. Tuve cinco hijos, los cuales fueron el motor para salir adelante. Siempre pensé que mis hijos tenían que ser mejores que yo.

Siempre he trabajado en lo que se me presentaba. Nunca decía que no podía, al contrario, lo hacía bien para que la próxima me vuelvan a llamar. Lavaba ropa o y otras labores domésticas… mi vida transcurrió así hasta que me decidí cambiar y estar más tiempo con mis hijos que estaban pequeños y vi la oportunidad de vender comida.

Me inicie en este negocio dando pensión a las obras de construcción. Yo creo que desde ahí fue este vínculo. Mi hijo el mayor me ayudaba pero muchas veces él llegaba tarde al colegio por hacerlo y esto no me gustaba porque yo quería que mis hijos estudien y tengan esa oportunidad que no tuve.

Al ver esta situación, un amigo me sugiere que ponga un negocio pequeño. Empiezo vendiendo chanfainita, porque no implicaba mucha inversión. Durante muchos años lo hice hasta que mi negocio tomó un giro a pedido de los clientes. Por no contar con capital para comprar los implementos, decido ir a comprar un brasero y una parrilla de segunda mano y así comencé a vender choncholí y anticuchos. Yo creo que desde ese momento me fui dando cuenta que ese era mi especialidad. Día a día iba mejorando para el gusto del cliente. Ya tengo 38 años en la venta de anticuchos. Nunca dejaré de agradecerle a Dios por las oportunidades que me da de seguir a lado de los clientes dando lo mejor de mí.

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